miércoles 2 de diciembre de 2009

Redención de la política



La política no se puede hacer sin hombres, por lo mismo, la religión sería impracticable. Puede decirse que la política es sagrada, sin embargo ese adjetivo es adecuado a los ámbitos religiosos. La política es impoluta. "La pelota no se mancha" no es una frase impertinente.
Muchos hombres se pudren en la praxis religiosa o en la política. Tanto es así, que se adjudican a la iglesia católica persecuciones y matanzas atroces. Y no es verdad. Fueron hombres degenerados, los que, usando el nombre de una institución, que sin hombres estaría condenada a la nada absoluta, desvirtuaron sus medios para obtener un fin (supuestamente loable).
De la misma manera, está de moda decir que la política es "sucia". Y se habla de "los políticos" como si éstos fuesen una estirpe divina (o endemoniada), alejada de la naturaleza humana. La abominable Carrió se refiere a la "corporación política", de una manera despectiva y como sí ella no fuese política.
Decir que la "política debe redimirse con la gente" es una absurdo. Es la gente la que debe redimirse con el "hacer política", y decir que la gente debe redimirse con los políticos o viceversa, implica que es la gente la que debe redimirse con ella misma. Ya que los políticos son personas y las personas pueden ser políticos.
Desde el 2003 a esta parte, se ha venido incrementando la toma de conciencia sobre la necesidad de participar, de debatir ideas o de luchar en la calle por un derecho; la discusión política ha ido in crescendo. Pero también, muy lentamente, ha renacido el re(v)(p)ulsivo discurso de la antipolítica.
El discurso que desprecia la política promueve, paradójicamente, desde la política, una despolitización del discurso mismo. Lo antipolítico reclama la garantía individual de los bienes y la vida, por eso, desde esa perspectiva, es más fácil ver a la política como un valor innegociable que tiene como fin general, el bienestar común de una sociedad, no de un sector o de una o dos personas.
Desde el hipócrita "que se vayan todos", lo que se propone, subrepticiamente es, quedémonos nosotros a bailar en lo de Tinelli con Roque Fort, Alfano y todo el circo. Olvidémonos de los problemas, nosotros que tenemos plata, divirtámonos, que al país le encanta observar nuestro derroche. Y en verdad, hay un sector importante de la sociedad que disfruta de eso con morbo.
Una sociedad debe hablar de política, y es en este sentido que Uruguay debe ser un ejemplo, como dice mi entrañable amiga Eme. La política debe festejarse. La fiesta inolvidable.
No son los políticos el problema, o si, en el sentido de que políticos potenciales somos todos. Es la tendencia del "argentino" a descomprometerse, a alejarse de los ambientes en los cuales se discute política. Ufffffffffffff, otra vez con la política! Ese discurso, el de irse de los "lugares calientes" pega fuerte.
La decepción de la "política" es un cinismo, o el ridículo lugar común de "todos los políticos son iguales" se asemeja al despecho del hombre engañado: "todas son iguales". Nadie se hace cargo de sus errores en este país, la culpa siempre es de "todos los otros".
Los mayores evasores son los que gritan a los cuatro vientos: "pagamos nuestros impuestos, queremos paz y seguridad".

La sentencia de "el político debe hacer y no hablar tanto" esconde, en realidad, esa cultura nacional que le huye al compromiso. Los argentinos, muchos, se reían mientras enunciaban "roba pero hace". Una abominación.
Otra vez, aquellos que repiten y repiten que pagan sus impuestos, lo que quieren decir es, en realidad, que: "yo pago mis impuestos y no quiero que nadie me rompa las pelotas." La misma hipocresía del hijo de puta que se viola un pendejo por semana y los domingos va a misa y deja la limosna. Así es como seguridad y paraíso terminan siendo paralelismos de impuestos y limosna (o diezmo). "Los impuestos deben garantizarme seguridad, la limosna el cielo. Y puedo quedarme tendido en mi catre esperando que otros lo hagan por mi."
El lenguaje, aunque la gente se crispe, es un elemento fundamental del político. Entre lenguaje y hacer se conforma un discurso coherente o no, consistente o endeble, con contenido o laxo.
Los políticos con un discurso de contenidos, consistente y coherente abundan. No es una sentencia, es simplemente lo que veo y escucho y, por supuesto, cierta subjetividad se cuela en mi percepción, es innevitable. Agustín Rossi, Piumatto, De Petri, Coscia, Kunkel, Dante Gullo, Delía, Pichetto. Ni hablar de Cristina Kirchner. Obviamente, hay muchos más de esa lista tan sesgada. Pero ellos no honran a la política sino al ser humano que practica la política. Es el discurso político, que no es sólo lenguaje.
Del otro lado, está el discurso laxo, endeble e incoherente que sectores sociales quieren escuchar para huir al compromiso. Esa es la antipolítica. De Narváez y Tinelli, Macri y Fort, Susana Giménez y Michetti. La antipolítica y su discurso es el enemigo completo. Ya se sabe lo que ésto, históricamente significó.

martes 1 de diciembre de 2009

Sigue lloviendo al corazón...



Está lloviendo y la gente empieza a quejarse, porque se le mojan los zapatos y los muebles. Al fondo de la ciudad están los que no se pueden quejar. O quizá, los que no quieren quejarse. Los que están acostumbrados a la desgracia para siempre. Los que llaman a la radio son los que dicen: "esto nunca pasó, pagamos nuestros impuestos y sigue lloviendo, estamos desesperados y nadie nos escucha".  Yo no sé por qué todos los que se quejan dicen que pagan sus impuestos. Tal vez porque como Aguinis, piensen que los impuestos son un robo o un despojo.

Parece que llovió un poco en Lomas de Zamora y la gente salió enloquecida porque se inundó la calle. Y parece que no pueden ir al centro a hacer las compras para navidad. Que carajos! Acá llovió más, les aseguro.
Al final, tanto nos quejamos y el gobierno no hace nada. La presidenta con el papa, y acá nos matan como moscas y la lluvia nos inunda. Es una vergüenza. Y encima, cortan la luz. ¿Nos toman de estúpidos o qué?
El 9, paro nacional de ciudadanos pagadores de impuestos...no faltes, cheeeeee, bolu!!! Para que no nos maten en la calle, para que no llueva más, para que podamos tirar la cadena tranquilos, sin que se nos inunde la casa...no dejes que te tomen por estúpido...hacelo vos mismo...


lunes 30 de noviembre de 2009

En la derrota



La soberbia de los dioses es inalcanzable. Cuanto más gloria los pequeños hombres les prodigan, mayor es su orgullo y su pedantería.
Los caballeros, sin embargo, en las refulgentes victorias es cuando menos visibles son, sus virtudes brillan como perlas en éste, precisamente, hacerse "chico", ocultar la engañosa "fama" y las lisonjas y dejar fluir los valores olvidados.
En otros tiempos la norma caballeresca era "la norma" y esos valores innegociables. Después, los héroes devinieron islas ambulantes extraviadas en un mar de egoísmos e individualismo, locos sin cura, hombres fuera del tiempo.
Nunca fue de caballeros, ni lo será, arrogarse, en el triunfo, la jerarquía divina. Los que ambicionan un trono sobrehumano "muestran la hilacha", y es muy difícil borrar el ridículo en la hoja clara de la historia.
Los ensoberbecidos son los que más sufren las caídas. Es lugar común que, de cuanto más alto se cae, mayor es el dolor. Son además, los destinatarios de las peores maldiciones.
Las maldiciones existen, y existen los dioses dispuestos a escuchar a los derrotados de siempre. Pero la maldición no llena espacios. El odio te ciega y por eso, los eternos perdedores, que saben mucho más que los filósofos, vuelven a soñar y a luchar, pisoteando con furia al odio, ese impulso animal.
En otros tiempos (y en estos y por siempre) era de caballeros respetar a una dama, reconocer al derrotado o al "diferente". Quizá, aquellos valores proviniesen de la sabiduría práctica, del temor de que en la derrota los hombres se quedan absolutamente solos, si en la victoria no obran como caballeros.
Pero una dama suele tener más tacto, y aunque en la victoria hayas actuado como una bestia, tal vez ella te muestre que no es "tan macho" aquel que se jacta demasiado de sus logros, despreciando a los hombres comunes.
Y alguna vez, el odio te abandonará a tu suerte.

sábado 28 de noviembre de 2009

Buenos padres




Los buenos padres
enseñan a sus hijos
a rezar,
en tono sublime, agradecer
la comida del día,
a un dios que nunca ven.

Se patinan el hambre
del mundo
en juguetitos,
que los niños destruyen
con esa facilidad
con la cual se cagan  los billetes.

Les ponen nombres
en inglés y los llevan
a institutos privados
donde aprenden
cual es la esencial
diferencia del “ser”, "la" diferencia.

Ponen en sus manos
la “buena vida”
y se llenan de orgullo
cuando el garca
se garcha y se preña
la hija de la “sirvienta”.

Los buenos padres
se empoman a sus hijos,
en cuatro patas,
un hilo de baba
y un Ave María
deslizándose desde su boca... 

jueves 26 de noviembre de 2009

Asesinos por naturaleza




Tengo la extraña suerte o el fantástico récord (para los paranoicos que sólo piensan en quien los sigue por la calle) de no haber sido apuntado jamás con un revolver o un cuchillo. Mis vecinos hablan de la inseguridad, pero nadie los mató, no conozco a nadie muerto en un robo, lo cual no implica que no existan.
No vi la cara de esos asesinos, algunos ladronzuelos, si. Los barrios que limitan con el mio, sin embargo, son bien pesaditos. Villa Ercilia y Villa del Oeste ostentan laberintos interminables, pasajes que asustan, calles apenas alumbradas. Mucho barro y cuneta por ahí. Se habla de los delincuentes, se los nombra, a veces se los señala. Yo no los vi matando y ni siquiera, intentando matar.
Conozco la historia de uno que fue asesinado por otro, clavado en el medio del pecho. Una historia épica, un domingo a la siesta en una canchita de fútbol cerca de mi casa. Yo jugaba con esos tipos, después se perdieron por el alcohol y la innegable marginación. La historia es relatada, yo no la viví. Insisto en que no vi jamás a un delincuente de estos queriendo matar a un "inocente".
Sin embargo, cada mañana, cada tarde, cada noche, cada día de mi vida veo unos asesinos en potencia, unos asesinos que cuentan con la inestimable tranquilidad que da la impunidad.
Los tipos que van en 4x4 hablando por celular son unos asesinos. Esos matarían y dejarían tirada a la víctima y después armarían una historia que los dejaría libres, porque cuentan con "conectes" en la policía, en la justicia o en el gobierno. Adornan una escena y siguen hablando por celular a 100 Km. por hora. Y cuando uno les dice algo, se te cagan de risa en la cara. Exactamente como ellos dicen que los "pibes chorros" se comportan con su "clase". Lo dije en potencial, pero hay miles de estos asesinos. Uno les ve la cara y nadie, ni siquiera el Rabino y el Cura, que podrían pedir la legalidad del matrimonio entre religiosos, se organizan una marchita o un estúpido minuto de silencio.
Hay asesinos que cruzan en rojo todos los semáforos. Tienen autos importados y los vidrios muy polarizados. Adentro suenan carcajadas y la musiquita de moda. Hay muchos de estos asesinos. Cada vez que agarro mi bici playera super K, corro el riesgo de ser carne molida. También les podés ver la cara, son tipos conocidos por acá. En los pueblos chicos todos nos conocemos. Pero no se por qué, se impuso la idea de que los asesinos tienen la piel negra y entre ellos se llaman "nieri".
Hay padres asesinos que les compran a sus hijos adolescentes un cuatriciclo y se cagan de risa con sus "anécdotas". A veces, los "nenes" matan una mujer embarazada o un viejo hecho trapos, que tienen poca reacción. Entonces rajan a su casa y le cuentan a papá, que con dos o tres llamadas, arregla el "bolonqui".
Otros nenes de papá se juntan en banditas y matan al primero que se les ocurre.
Hay padres asesinos que matan a sus propios hijos. Le prestan la moto, el auto o la escopeta, y cuando el pibe se mete un tiro en la boca, jugando, se preguntan: "¿como pudo haber pasado?". Todos conocen a estos asesinos potenciales, yo les veo la cara, son muy cancheritos. Pero la sociedad usa eufemismos y los llama "padres irresponsables".
La gente "trabajadora", que sufre un hecho de violencia, un asesinato, cae en el lugar común de argumentar que "paga sus impuestos y los matan", e identifica a los asesinos como esos "vagos que el gobierno consiente, esos que reciben un plan en vez de ir a trabajar".
Yo vi muchos asesinos, y todos van en brillantes camionetas y autos. Si, esos mismos que dicen que "trabajan y pagan sus impuestos" (mentira, no pagan un carajo) y sin embargo, "los matan los chorros negros de la villa". No se de que se jactan, son unos reverendos hijos de puta y más de uno carga un muerto en sus espaldas.

martes 24 de noviembre de 2009

Nostalgias del menemismo


El menemismo se canonizó, fue el discurso oficial de una larga noche. El menemismo no fue una dictadura, sería muy necio decir semejante cosa. Fue si, increíblemente, la formalización de la mentira y el engaño para acceder al poder, y por ello, no es de extrañar, que después se haya materializado en la apoteosis de la apariencia en contra del verdadero ser, lo exterior como trascendente en las formas y en cierto modo, también en los contenidos.

Menem no fue un tirano. La libertad de prensa, aunque ya sabemos ahora que no está regulada por el poder constituido oficialmente, y si por empresas privadas, no es algo que pueda cuestionarse de aquel tiempo. Todos se rieron de Menem y él, en una especie de venganza atroz se rió largamente de los idiotas que creímos que haría lo que su discurso afirmaba.

El menemismo fue un tiempo de risas, pero de risas para unos pocos. La mayoría de los argentinos iba hundiéndose muy lentamente en la miseria, mientras el núcleo menemista se reía, se reía su séquito, se reían los pocos que empezaron a enriquecerse y se reían los que ya eran ricos. Y se reían además, aquellos que conformaban un sector apolítico, pero a los que les encantaba el derroche, el derroche de dinero, de comidas fastuosas, el derroche de cancherismo, el derroche de mujeres dispuestas a ver con ojos europeos a un hombre venido de la profunda argentina, la pobre y seca argentina. Viejas conchetas se derretían al paso de Menem, le concedían almuerzos, bailes de tango y si era necesario, su cuerpo. No se si ellas se creían lo que veían y lo que hacían, pero es evidente, que Menem jamás se creyó el mejor bailarín, ni Alfie, un seductor irresistible, ni el más grande corredor de Rally. En el fondo, "el hacer como que" entraña la consumación de la apariencia como dimensión reguladora del status social y político.


Y es ese sector apolítico el que mira con nostalgia el tiempo de Menem. El que abomina de este tiempo en que se habla demasiado de política, en el que se debate mucho, para su gusto. En los tiempos de Menem eso no pasaba. Pero Menem fue el gran articulador de esa forma externa que subyugó a las masas a partir de la imagen descartable que despreciaba el contenido profundo. Menem fue consciente de lo que hacía y la política y sus formas lo convalidaron en las urnas. Menem no era un estúpido, podía debatir, tranquilamente,  de política. Sin embargo, su estrategia fue hacer reír con la apariencia para hacer olvidar que la política debe cocinar cosas muy importantes.

Lo que vuelve como un carnaval degradado es lo estúpido. Ese desfile de grotescas máscaras y de personajes ridículos que ya no hace reír a nadie, sino a aquellos que miran la era menemista como si fuese la "edad de oro". Se ríen porque todavía piensan que por mover la plata de papá o el fastuoso culo podrán cambiar el rumbo de la política. Sueñan con encontrar otro hombre que lleve a lo más alto, al poder, esa forma de vida que se sustenta en el chisme revistero, en el chiste de cabaret o en el jolgorio de boliche.

Pretenden que el país entero se ríe con sus fantochadas, pretenden que al populacho se lo entretiene pelando la billetera y tirándole de vez en cuando unos mangos que les sobra en una puesta en escena que no adolece de lágrimas y emociones pastosas. Pero la risa, otra vez, es para un grupo de privilegiados. Muchos en la sociedad, están discutiendo como la política puede cambiar la vida de los argentinos, y eso es lo que molesta. La vida que tiene "segura" tiene que ser la de ellos, y solamente la de ellos.

El menemismo estaba canonizado por la política, por la institucionalidad. La gravedad de lo que regresa del menemismo, como fantoche, es que intenta ocupar la política desde una postulación de la antipolítica. Una burla de la política desde un lugar de comodidad económica.



Tinelli nos hace creer que encarna la cultura popular, pero como dice Batjin en la cultura popular "todos ríen" y es "universal". Tinelli y su séquito de payasos no son otra cosa que negación, negación de la política, de la democracia, de los valores sociales: Y "La negación pura y llana casi siempre es ajena a la cultura popular".

lunes 23 de noviembre de 2009

Larga vida a los espías




Desde la cerradura
un ojo que te mira
indiscreto, un ojo que se excita
y se abre más,
mucho más aun, que la puta
que esta noche
ocupa tu cuerpo
y el campo de tu cama.

Detrás de las paredes,
oídos ardientes
la escuchan gritar,
decir las palabras,
no de la humillante tortura,
sino del álgido goce de la carne;
del pecado
el espeso transcurrir.

Miles de hombres
conocen tus pasos
e inscriben tus movimientos
en intrascendentes gráficos
de barras,
estadísticas oscuras que quizá,
arrostran el barco de tu suerte,
o la desgracia.

Después se dirigen
a habitaciones contiguas
y se masturban fantasías
de orgasmos ajenos,
y cuando el corazón y la vena
se tranquilizan,
relatan en la "corte"
versiones sesgadas de tu vida.